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martes, 13 de febrero de 2018

Cruce Columbia - Día 3

Y hoy el día final. Los últimos 30 kilómetros, los más difíciles de todos.

Los 30 kilómetros finales, los más difíciles. En la previa sabíamos que sería el más difícil por el desnivel y la altimetría, pero más que nada porque las piernas ya vienen con 70 kilómetros encima. La charla técnica brindada por la organización la tarde anterior asustó a todo el mundo, y no estuvieron tan errados. Alertaron que las subidas a los cerros Sabana y Milico, muy juntos y por último el Colorado, serían muy largas, con mucho frío y viento, y no mintieron. Lo que ocurre es que las palabras no alcanzan para graficar la frase “mucho frío y viento”.
Un dato, los primeros mil metros los hice en 19 minutos. Los 10 kilómetros me llevó 2h40'. Subir, subir, subir y cuando parecía que el cerro terminaba, uno levantaba la cabeza y veía una fila de atletas subiendo 300 metros más, entre las nubes, en una subida casi vertical, entre piedras y filos de montañas no apto para cardíacos. Pero todo lo que sube, tiene que bajar.
Del kilómetro 12 en adelante se empezó a bajar, algunas bajadas “tranquilas” pero otras muy pronunciadas, difíciles y técnicas, bajadas donde los cuádriceps ya están al límite, las piernas chocan con rocas y raíces, la cabeza no está tan ágil como antes y las reacciones son lentas. 
Pero a pesar de las dificultades de frente, de costado o de espalda las cuestas se bajan, se corre cuando se puede, se aprovecha lo poco de llano (falso llano) para trotar algo más y saber que el objetivo está cada vez más cerca. El final de El Cruce fue por El Bandurrias y La Playita, bajando hacia la costa de San Martín de Los Andes, con el Lacar a la derecha y la emoción en los ojos, la sonrisa inmensa y el corazón vivo, los brazos en alto, ese trote final por la costa, el plauso de la gente, la emoción en los ojos, las lágrimas, el arco de llegada, el salto triunfal y esa hermosa medalla, recuerdos únicos e imborrables que cada uno de nosotros nos llevaremos para siempre. Un Cruce que pega muy hondo en los sentimientos de cada uno. Una carrera muy personal que une a miles de personas en un mismo desafío. Porque de eso se trata la vida, de vivir, de afrontar los desafíos y disfrutar, disfrutar de que estamos vivos. ¿Cómo se corren 100 kilómetros? De un paso a la vez. El primero de ellos, confiando en uno mismo.  

Llegando y cumpliendo un gran desafío. 

lunes, 12 de febrero de 2018

Cruce Columbia - Día 2


Sigo recordadno lo que fue ese Cruce de Los Andes corrido en el 2016. Uno de los momentos más lindos de esa loca carrera es el campamento, o los campamentos, ya que tuvimos dos, uno al termino del día 1 y el otro al termino del día 2. 
Ambos muy bien armados, con una gigante carpa de circo donde se comía, otra carpa para los bolsos, dos carpas menores para masajes y área de relax y cientos de pequeñas carpas azules para nosotros, los locos que corren. La llegada al campamento era seguida por un esquema obligado. Primero, tras cruzar la meta, ir a buscar el bolso (provisto por la organización) donde teníamos toda nuestras indumentarias, bolsa de dormir y colchón inflable, todo equipamiento que habíamos dejado preparado antes de comenzar la carrera. 

Carpa grande (izquierda) para comer. 
Carpa blanca (derecha) bolsos
Al fondeo carpa de relax
y cientos de carpitas azules para los runners. 

Segundo paso: buscar la carpa, número 224 la mía, estirar y elongar bien, ir al lago (muy frío) para sumergir las piernas y “limpiarse” un poco dentro de lo posible, para luego volver, ponerse ropa limpia y abrigada y buscar la carpa de la comida. Luego de 42 kilómetros el hambre es mucho (hablo por mí, más que nada). Asado, pollo, y pasta fue el menú de los dos días. Cantidad, la que uno deseaba. No había horarios, se comía en cada momento, algunos almorzamos a las 14 horas, otros a las 18 y otros juntaban almuerzo y cena a las 21 horas, además de unos mates en la merienda en la carpa de “Relax”. El cuerpo necesita combustible para seguir moviéndose. Tanto viernes como sábado el clima no ayudó, mucho frío y viento hizo que la estadía en los campamentos no fueran la mejor, pero igual el grupo de trenquelauquense supo soportar las bajas temperaturas a base de buen humor y alegría, a pesar de los dolores y el cansancio. A las 22 horas todos acostados ya que las etapas comenzaron siempre bien temprano.

Día 2, 30 kilómetros

El segundo día me tocó salir con el grupo dos. Cada grupo estaba dividido por 120 atletas, en relación al tiempo realizado. Esta vez salimos desde la orilla del lago Lacar en dirección al interior de la montaña ya que el segundo campamento estaría en la altura. Los primeros dos kilómetros los transitamos por la orilla del Lacar, con el agua hasta la rodilla, pero sabíamos que la etapa sería “solo” de unos 30 kilómetros. Fue un día corto, con una primera trepada interesante, por no decir “brava”, en un sendero angosto que fue dejando sin aire poco a poco. No fue larga, pero sí intensa. Luego se empezó a bajar hasta los metros finales donde la organización puso otra trepada larga de camino rocoso que hizo ansiar con más ganas ver el arco de llegada. Poco más de 4 horas para cumplir con la segunda etapa, y el sueño de completar El Cruce estaba cada vez más cerca.
Creo que fue una etapa crucial. No por haber sido las más "simple" sino porque era en este segundo día donde surgían todas las dudas. ¿Cómo íbamos a salir a correr después de haber hecho 42k el día anterior y haber dormido, muy poco, en la carpa? ¿Cómo iban a responder las piernas? Y la verdad es que pasito a pasito y de a poco las piernas responden, aunque en la previa eso se parecía imposible.   

Superando un tronco, tras los primeros kilómetros del día 2 y luego de salir de Lago. 

domingo, 11 de febrero de 2018

Cruce Columbia - día 1

Hace justo 2 años tuve la gran fortuna de poder correr (y disfrutar) de una de las mejores carreras del mundo, el Cruce Columbia o también conocido como Cruce de los Andes, carrera de montaña que une Argentina con Chile durante 3 días y a lo largo de 100 kilómetros.

Hoy recuerdo algo de eso, en esta larga nota que pude escribir para el Diario La Opinión, medio al cual pertenezco, en Trenque Lauquen, Argentina.


¿Cómo se corren 100 kilómetros en tres días por la Cordillera de los Andes? O mejor pensado, cómo y en qué momento de la vida uno se decide a afrontar tamaño desafío. Porque El Cruce Columbia es eso, un gran desafío, una montaña rusa inmensa de adrenalina, intensidad e incertidumbre. Uno no sabe con lo que se va afrontar, sólo conoce imágenes de ediciones anteriores y números, muchos números, el más grande de ellos es el 100, el que marca la cantidad de kilómetros a recorrer en tres días. Sí, 100 kilómetros en tres días consecutivos, descansando en los campamentos de montaña, en carpa, con frío y lluvia, solamente para lograr el gran objetivo de completar con éxito El Cruce Columbia. Otro es el 42, los kilómetros de la primera etapa, y el 30, los kilómetros que debimos recorrer en la segunda y tercera etapa. 1200, el numero de corredores que disputaron la modalidad “Amateur”, 37 los países participantes e infinitos los momentos únicos vividos en esa loca experiencia. Este año fuimos con Franco “Toto” Gennarini, Raúl “Colo” González, Fabio Arcomano, Marcelo Cionofrino y Evangelina Angeli.


Cómo contar con palabras lo que ocurrió en esta 15º edición de El Cruce. Intentaré hacerlo de la mejor manera, no es fácil. Usted lector deberá ponerse en la piel del corredor, de alguien que ya ha soportado más de 70 kilómetros y lleva más de 2 horas subiendo un cerro de 2.000 metros de altura, caminando entre las nubes, sobre el filo de la montaña, con un frío congelador y un viento furioso. Pero además estarán las fotos que refuerzan la vieja frase de “una imagen vale más que mil palabras”, y es así. Intentaré contar lo que significó cumplir este desafío. Prometo no extenderme. Todavía estoy cansado de tanto correr.
En septiembre de 2015 comencé a entrenar pensando en la carrera. Sabía que tenía 5 meses para prepararla de manera consciente. Fueron cinco meses largos, con entrenamientos difíciles y agotadores, con meses de más de 300 kilómetros en las piernas, esas piernas que debían batallar por 100 kilómetros en la Cordillera de los Andes.
La organización estampó como eslogan de este año la frase “muchas piernas, mucha cabeza y mucho corazón”. Piernas, cabeza y corazón, así se corre El Cruce.  

A correr

Luego de una noche donde se durmió muy poco el viernes 12 de febrero comenzó El Cruce, esa primera etapa de 42 kilómetros, que se largaría desde San Martín de los Andes y llegaría al paso fronterizo Hua-Hum de Chile. Una combi fue trasladando a los atletas hasta el sector de largada, ubicado en el camino del paraje Quila Quina. Fueron unos 20 minutos de viaje sumidos en un silencio sepulcral. La largada estaba cada vez más cerca, el sueño comenzaba.
7:34 de la mañana de ese viernes me tocó comenzar a vivir los sueños. Es ese momento en que uno deja de soñar y empieza a vivir lo que tanto esperó. Primeros pasos cargados de endrenalina y emoción y más de 40 kilómetros por delante. A correr amigos, esto es una fiesta.
La cabeza es la que manda, es la que en todo momento te va diciendo “pará un poco”, “no te enloquezcas”, porque lo más difícil de la carrera es mantener a raya la intensidad y el deseo de correr. Hay que resguardar fuerzas para los tres días. El cuerpo, y las piernas, tienen que soportar los 100 kilómetros.
Fue una primera etapa “muy corrible”, con un desnivel acumulado que indicó más bajadas que subidas, pero con varias trepadas interesantes, donde los bastones de treking, o en mi caso un par de cañas, son los amigos ideales. La arena volcánica estuvo presente en gran parte del trayecto, pequeños senderos, raíces, arroyos y un Lacar que comenzó a verse más allá de los 20 kilómetros. A la altura del kilómetro 33 estaba el tan deseado “Oasis” (puesto de abastecimiento) donde los corredores disfrutamos de frutas, palitos salados, gaseosas, bebidas energizantes y agua. Los últimos kilómetros fueron en dirección al cruce fronterizo. Primero los papeles en la aduana Argentina y luego unos 2 kilómetros para correr hacia la aduana chilena y volver a nuestro país donde el arco de llegada nos aguardaba para cerrar los primeros 42 kilómetros.
Sobre los metros finales la lluvia se hizo presente, sumada al frío que seguiría durante toda la jornada. 6h08' después de largar pude cruzar la meta, con la alegría de haber dado el primer paso y saber que el cuerpo estaba muy bien para afrontar el segundo día.  

El grupo feliz por salir a la segunda etapa. 

Mañana seguiré con la etapa 2. Los 30 kilómetros. 

lunes, 5 de febrero de 2018

La primera del año !!

La primera del año 2018 ya pasó ! Es bueno arrancar la temporada con una carrera de 20 kilómetros, aunque a razón de la verdad, la primera carrera fue la de Aguas Abiertas, en natación...no la puedo dejar de lado con todo lo que costó.

Pero hablando de correr, el domingo se disputó la 2º fecha Pre A Pampa Traviesa, en Santa Rosa, La Pampa, Argentina. Segunda de un total de cuatro fechas preparatorias para lo que será el Maratón A Pampa Traviesa del 8 de abril.

Y allí fuimos con Andrés, los dos, a correr los 20 kilómetros, con el mismo objetivo de meter un fondito. En mi caso la idea era hacer los iniciales 10k a un ritmo de 4'30'' el kilómetro, y los 10k restantes, aguantar por debajo de los 5' el kilómetro, con la idea de similar la fatiga de los kilómetros finales en el Maratón. Esa fue la indicación del Profe y busqué cumplirla.



La carrera se largó bien temprano, a las 7 de la mañana, en un día que estaba algo nublado y agradable, a esa hora. Los diez kilómetros iniciales salieron muy bien. Siempre pendiente al reloj, viendo el ritmo, y tirando de otro corredor que iba por la distancia de 10 kilómetros así que lo llevé de tiro. En esta carrera hay 3 distancias por correr, los 5, 10 y 20 kilómetros. Fueron diez kilómetros a un muy lindo ritmo, corriendo bien suelto pero intentando que no se vaya muy rápido. El 3k estuvo en 4'28'' y el 7k en 4'23'' (el más rápido) el resto giró en 4'30''.

Una vez que pasé los 10k tomé un gel y dejé de lado el reloj. La primera parte de la carrera/entrenamiento ya estaba hecha. Es así que comencé a correr a sensaciones, mirando el reloj cada vez que marcaba el kilómetros. A esa altura de la carrera el sol empezó a pegar fuerte y la humedad se empezó a sentir. Esto sumado a un viento algo cruzado y al calor que despedía la laguna del Parque Don Tomás. Hasta los 15k fui muy bien, a partir de ahi el bochornoso día fue clave.
cada vez más calor húmedo y un sol muy fuerte para esa hora del día.

Se me hizo todo muy cuesta arriba, pero intentando siempre mantener Sub5', mojándome muy seguido y tomando ya mucha agua. La cara de todos los corredores eran las misma, cara de sufrimiento y a esa altura, arriba del 18k, varios ya caminando. 

Así y todo pude llegar. Fue muy difícil el kilómetro final. Llegué con lo justo, muy agotado y buscando un lugar con sombra para sentarme y tirarme todo el agua que podía conseguir.



Creo que si el día hubiese acompañado algo más podía mantener los 10k finales por debajo de 4'45'', hubiese sido una linda marca.

Pasó una muy buena carrera y la próxima será en marzo, con los 25 kilómetros. Ahí la estrategia será otra, será la que use en los 42k de abril.



lunes, 29 de enero de 2018

A nadar !!!

Cuando cambiamos de deporte es todo un desafío. Y nadar en Aguas Abiertas, aún más. La natación es un deporte que empecé a practicar hace unos 3 años, primero con clases ya que no sabía nadar y luego animándome de a poco a mayores distancias. Nadar en lagos o mar, todo lo que se considere Aguas Abiertas, es aún más entretenido y es donde la aventura surge.

Ayer domingo participé de la 9º edición de Cruce a Nado a la Laguna de Cochicó, una prueba de 3.000 metros, pero que tiene una distancia "promocional" de 1.000 metros. En esa estuve yo, a esa me animé, y por primera vez hice los 1.000 metros en laguna.

No fue fácil y costó. La "carrera" se me hizo larga. Soy muy lento nadando y tarde 31 minutos, lo que suelo tardar en pileta. En Aguas Abiertas hay otros condimentos, como el oleaje, levantar la cabeza cada do o 4 brazadas para mirar hacia adelante para ver si vamos bien y todo eso influye. Como respiro solo de lado derecho, tendría que respirar bilateral, el oleaje estaba de ese lado así que cada vez que respiraba siempre tenia una ola en mi cara, y eso se torna más que entretenido.

Mientras a los "grosos" que iban a hacer los 3.000 metros los llevaban en lanchas hacia la otra costa, nosotros fuimos caminando hasta el lugar de largada. Teníamos que hacer 1.000 metros "casi" en linea recta, siguiendo una boyas por el lado izquierdo, y recostándonos más cerca de la costa. Al ser una "competencia" promociona, varios novatos, así que se vieron nadadores nadando con trajes de neopren y torpedo, para mayor seguridad.

Algunos kayak fueron siempre acompañándonos, eso también da seguridad, ya que aunque estaban medianamente cerca de la costa, la profundidad del agua era ya más de 3 metros.

La salida fue interesante. Eramos unos 60 nadadores, y como si fuera una carrera a pie, me encontré en medio de un mar de piernas y brazos pegando por todos lados...

Poco a poco encontré mi ritmo, fui siguiendo a otro nadador, por veces me desvié bastante hacia la costa, luego me iba mas hacia las boyas, pero brazada a brazada fui cumpliendo el recorrido. Se me hizo largo y llegué cansado, más que nada porque cuando vi que faltaba poco empecé a apretar el ritmo...uno siempre está compitiendo.

Una experiencia única. Párrafo aparte para los nadadores de 3.000 metros, que cruzaron toda la laguna, realizando un circuito. El ganador lo hizo en 42' y el último en 2h11'. Todos unos grosos.


Respirando siempre por la derecha
No estabámos tan lejos de la costa. 
Llegando. Cansado, pero feliz. 


lunes, 22 de enero de 2018

Mala suerte con las Energy Boost

Por más que parezca extraño tuve problemas con unas zapas Adidas. Llevo casi 10 años corriendo de manera continua y en todo este tiempo he usado variedad de marcas y modelos y nunca tuve un problema, desde Adidas, Nike, Reebok, New Balance y Skechers...seguramente algún día haré un post con todas las zapas que he usado, pero en este caso voy a tratar lo que me ha pasado con Adidas, mi fiel marca.

En todos estos años ha sido Adidas lo que más he usado, desde las rapiditas a las más amortiguadas y pasando por las de montaña (que todavía uso) por lo que me pareció tan raro tener problema con un modelo de estos.

En agosto del año pasado, y ante mis Skechers ya cargadas de kilómetros, con miras al Medio Maratón de Buenos Aires es que decidí ir a comprar nuevas zapas. Me decanté por unas hermosas Adidas Energy Boost que me gustaron de inmediato...pero (siempre hay un pero).



Lo primero que sentí al usarla que en suelo de tierra y pasto eran muy inestables y esto me llevó a sacarme ampollas, algo que nunca me había pasado con otras zapatillas. En asfalto se movían muy bien, muy bien. Eso ya fue un llamado de atención. Pasaba de 10k y las zapas empezaban a molestar por todos lados.

A pesar de eso las seguí usando preparando el Medio Maratón y lo corrí con estas zapas. Al kilómetro 18 me quedé sin gemelo derecho. Quizás esto se debió a la humedad de ese día y haber salido rápido. Mi Profesor le apuntó a las zapatillas ya que desde el primer día me dijo que no eran buenas, que se movían mucho, ya que él también las había usado.

Después del Medio Maratón seguí entrenando hasta que la rodilla dijo basta, una molestia tipo tendinitis que me llevó al kinesiólogo y me paró más de un mes. ¿Le podemos cargar la culpa a las zapas? Podemos, pero prefiero no hacerlo.

Ya recuperado, en el mes de noviembre volví a entrenar y con las Boost, lógico. Lo que ocurrió a partir de ahí es que se me empezaron a cargar los tendones de aquiles, primero el derecho, con fuerza. Cada vez que salía a entrenar me costaba unos 4klm que se calentaran los tendones y correr sin dolor...hasta que mi Profesor me dijo "cambia ya de zapatillas". Y así lo hice. A mediado de diciembre fui por unas Nike, no conseguí Pegasus pero sí unas Zoom Winflo 3, bien aconsejadas por el vendedor, amigo mio y runners casi profesional. Y la cosa cambió de manera increíble.



Poco a poco el tendón dejó de doler. Lo que noto muy diferente es que las Adidas son extremadamente blandas en la parte que recubre el talón en cambio las Nike son muy duras, y creo que ahí está la clave. Cero ampollas y mejorando con el tendón de manera muy buena.

Muy blanda esta parte.
En Nike mucho mas fuerte. 

La preparación al Maratón A Pampa Traviesa del 8 de Abril la haré con las Nike y seguro, si no llegan muy cargadas de kilómetros, también corra el Maratón con estas zapas. 

Un abrazo y gracias por leer.  

domingo, 14 de enero de 2018

52º Maratón de Reyes

En la noche del sábado en mi ciudad, Trenque Lauquen, se corrió la 52º Maratón de Reyes "Camilo Martino" organizada pro el Club Barrio Alegre. Una prueba ya tradicional, de 7.500 metros, con dos carrera divididas para damas y veteranos; y la otra para caballeros mayores (menores de 39 años).
Este año ya había decidido no correrla ya que estoy preparando los 42k de abril y no estaba con ganas de apurar mucho el paso, además de que a ritmos rápidos, tipo 4' los mil, el tendón de aquiles empieza a molestar. Es una carrera que suelo no correr porque tengo que trabajarla con el Diario, cubriendo la prueba, pero cuando puedo la corro. El año pasado logré mi mejor marca, consiguiendo bajar los 4' el kilómetro.

Y como no la corría ni tampoco tenia que trabajarla con el Diario se me solicitó una ayuda para el Speakers Oscar Gimenez, un trenquelauquense que lleva años viviendo en España, Melilla y que de visita por nuestra ciudad se sumó a hacer su trabajo en esta prueba.

Yo estuve de una especia de co-equiper, brindándole datos de los corredores foráneos y locales, ya que él no tenía tanta información. Creo que hicimos un buen trabajo. Él realizó su habitual trabajo animación y pudimos mantener informado al público al paso de los corredores. La gente de Trenque Lauquen no se caracteriza por su alegría, pero esta vez se puso un poco más movida y aplaudió un poco más.

Por cierto. Hoy tocan 20k. Veremos qué tal me va.
    Junto a Oscar Gimenez