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martes, 3 de abril de 2018

Semana final

¿Y qué hacer a una semana de correr los 42k?

Semana de descarga y descanso, dijo el Profe. De visualizar la carrera, de preparar bien todo par que el día domingo no falte nada, alimentarse y descansar.

Para el domingo, y aunque estamos a martes, el pronostico en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa, no es alentador.

86% de humedad y con 80% de probabilidad de lluvias.

La carrera se larga a las 8am, puntual como es habitual. Nosotros, con mi novia y grupo de amigos, viajaremos esa misma mañana rumbo a Santa Rosa, distante unos 150klm de mi ciudad, Trenque Lauquen.

Saldremos a eso de las 4.30 o 5am, para ir desayunando algo en el viaje y a las 7am ya estar en zona de largada, estirando piernas y juntándonos con el resto de los trenquelauquenses.

El desayuno será clave. Mi objetivo es poder desayunar bien en el viaje y unos 15 o 20 minutos antes de la carrera comer una banana y un gel.

Dan lluvias, esperemos que no se ponga muy frío y que el viento no levante tanto, como es habitual.

La carrera consta de dos vueltas de 21k donde estamos todos juntos, los que corren 10, 21 y 42. Lo que ocurre, es que en la segunda vuelta quedamos solos. Es una carrera "chica", aunque de las más rápidas del país, pero que en total se suelen sumar unos 1.000 atletas, pero en los 42k no se superan los 300....es decir que en la segunda vuelta nos quedamos solo.

¿Qué hace esta semana?. Descansar, alimentarse y esperar con ganas el día de la prueba.


miércoles, 28 de marzo de 2018

Nerviosismo previo...

Queda realmente muy poco para el domingo 8 de abril, 8 de la mañana, hora en que habrá que correr esos 42,195 kilómetros. Pero creo que, aunque el nerviosismo se siente, ha sido un entrenamiento muy bueno y más si lo comparo con el año pasado, en esta misma época.

Lo más importante ha sido poder sostener un muy buen ritmo de entrenamiento y llegar a la fecha sin ningún dolor, ni lesión que me haya obligado a tomarme días de reposo. 

El 2017 no tuve esta suerte. Primero, finales de enero, tuvo una muela muy complicada que me llevó al dentista y la extracción. Fueron unos días previos y posteriores parado y sin correr. Luego, mediados de febrero, el tendón de aquíles empezó a molestar bastante, tanto así que en una de las carrera de 25k tuve que abandonar a los 15k. 

Eso me llevó unos 15 días parado. Luego, los 42k no resultaron como esperaba. Terminé abandonando a los 24k, pero no creo que haya sido por todo esto, sino por una cuestión más mental que física. 

Ahora llego distinto. Ese abandono me dio la certeza que las carreras, y más los 42k, se corren de otra manera y esa es la idea para este 8 de abril. 

En cuanto al entrenamiento se ha dado tal cual lo ha confeccionado el Profe. 
Tuve un gran fondo de 30k (2h29') el 30 de marzo. 
Un 25k (2h03') el 24 de febrero. 
Varios 15k, 16 y 18k y un par de 20k. 
Además de varios entrenamientos de 8 a 12k a ritmo, con cambios y apretando. Más esos largos entrenamientos en el campo, subiendo y bajando escalones. 

El nerviosismo está y es así. Las ganas de correr son muchas. 

martes, 13 de marzo de 2018

30k...solo restan 12

Y así pasó el domingo el último y gran fondo de este año previo a los 42k del 8 de abril. Había que hacer entre 28 y 30 kilómetros, marcados por el Profe, ya que si me sentía bien, a los 28k tenía que apurar el paso y los 2k finales hacerlos "sueltos".

Debido a que mi compañero de salidas por motivos laborales no me pudo acompañar, salí con otro amigo que me acompañó durante 20k y otro amigo queme hizo el aguante durante todo el recorrido en la bici.

Elegí entrenar a la mañana, bien temprano, saliendo a correr a las 8am (horario de largada para el 8 de abril), así ya desayunaba mas o menos parecido a lo que haré el día de la carrera.

Día fresco y despejado. Los primeros 3k los hice con una camperita rompeviento y luego en musculosa. Con el viento en contra el fresco se sentía pero con el aire a favor y sol de frente el calor también se hizo sentir. El recorrido fue un 90% de asfalto y el resto de tierra, con 3 vueltas largas de 10k.

Salimos el primer mil muy tranqui a 5'20'' pero sin mirar el reloj, luego nos fuimos acomodando al ritmito de 5' o un pelin más abajo.

Me sentí realmente muy bien durante todo el recorrido. Tanto es así que llegué a los 28k muy bien y los 2k finales los apure, el 29k a 4'35'' y el 30k a 4'41''.

Garmin 30k

Queda menos de un mes para el Maratón del 8 de abril. Ahora unos días de descanso y seguir entrenando. Pero creo que ha sido un muy buen entrenamiento.

jueves, 1 de marzo de 2018

Otro gran día para correr

Vuelvo a escribir y esta vez para repasar lo que fue el primer gran fondo del año, los 25 kilómetros del pasado sábado. Hasta ahora el Profe me había dado un par de 16, varios 18 y un par de 20 kilómetros, pero estos eran los primeros 25k del año de cara al Maratón del 8 de Abril en Santa Rosa.

Como punto de partida tomamos con Andrés el predio del Polideportivo Municipal y bien temprano, a las 7 de la mañana ya estábamos ahí. Nos preparamos bien, con hidratación y algunas frutas que dejamos en la caja de la camioneta para poder buscar a los 10 y 20k.

Fue una mañana fresca, y eso nos ayudó a no necesitar tanta agua. Eso tampoco estuvo bueno, ya que nos arriesgamos un poco, deberíamos haber tomado algo de liquido a los 16 o 18.

El Profe nos dijo mantener un ritmo de 5'10'' o 5'15'' ya que esa sería la idea de los 42k. Salimos con las camperas puestas, solo el primer mil. Desde el vamos fuimos a un ritmo cercano a los 5' el kilómetro. A lo largo de los 25k solo dos klms estuvieron arriba de los 5', y el resto por debajo, pero todos muy parejos. 

El Garmin

Creo que nos sentimos muy bien. Después de los 20k las piernas se empiezan a sentir pero nunca nos llevó a correr más lento. El klm final lo apuramos, porque estábamos bien y porque teníamos ganas de terminar.

Haciendo un poco de "futurologia" me gustaría poder llegar hasta los 30k a este ritmo en la carrera. Andrés no se anima. A él le gustaría ir un poco más lento.

Sin dudas fue un gran fondo y la semana siguió bien y sin dolor, entrenando de manera suelta.

En siete días tendríamos el último gran fondo, de unos 28k. A esta altura estamos a 38 días del Maratón. Queda cada vez menos. 

martes, 13 de febrero de 2018

Cruce Columbia - Día 3

Y hoy el día final. Los últimos 30 kilómetros, los más difíciles de todos.

Los 30 kilómetros finales, los más difíciles. En la previa sabíamos que sería el más difícil por el desnivel y la altimetría, pero más que nada porque las piernas ya vienen con 70 kilómetros encima. La charla técnica brindada por la organización la tarde anterior asustó a todo el mundo, y no estuvieron tan errados. Alertaron que las subidas a los cerros Sabana y Milico, muy juntos y por último el Colorado, serían muy largas, con mucho frío y viento, y no mintieron. Lo que ocurre es que las palabras no alcanzan para graficar la frase “mucho frío y viento”.
Un dato, los primeros mil metros los hice en 19 minutos. Los 10 kilómetros me llevó 2h40'. Subir, subir, subir y cuando parecía que el cerro terminaba, uno levantaba la cabeza y veía una fila de atletas subiendo 300 metros más, entre las nubes, en una subida casi vertical, entre piedras y filos de montañas no apto para cardíacos. Pero todo lo que sube, tiene que bajar.
Del kilómetro 12 en adelante se empezó a bajar, algunas bajadas “tranquilas” pero otras muy pronunciadas, difíciles y técnicas, bajadas donde los cuádriceps ya están al límite, las piernas chocan con rocas y raíces, la cabeza no está tan ágil como antes y las reacciones son lentas. 
Pero a pesar de las dificultades de frente, de costado o de espalda las cuestas se bajan, se corre cuando se puede, se aprovecha lo poco de llano (falso llano) para trotar algo más y saber que el objetivo está cada vez más cerca. El final de El Cruce fue por El Bandurrias y La Playita, bajando hacia la costa de San Martín de Los Andes, con el Lacar a la derecha y la emoción en los ojos, la sonrisa inmensa y el corazón vivo, los brazos en alto, ese trote final por la costa, el plauso de la gente, la emoción en los ojos, las lágrimas, el arco de llegada, el salto triunfal y esa hermosa medalla, recuerdos únicos e imborrables que cada uno de nosotros nos llevaremos para siempre. Un Cruce que pega muy hondo en los sentimientos de cada uno. Una carrera muy personal que une a miles de personas en un mismo desafío. Porque de eso se trata la vida, de vivir, de afrontar los desafíos y disfrutar, disfrutar de que estamos vivos. ¿Cómo se corren 100 kilómetros? De un paso a la vez. El primero de ellos, confiando en uno mismo.  

Llegando y cumpliendo un gran desafío. 

lunes, 12 de febrero de 2018

Cruce Columbia - Día 2


Sigo recordadno lo que fue ese Cruce de Los Andes corrido en el 2016. Uno de los momentos más lindos de esa loca carrera es el campamento, o los campamentos, ya que tuvimos dos, uno al termino del día 1 y el otro al termino del día 2. 
Ambos muy bien armados, con una gigante carpa de circo donde se comía, otra carpa para los bolsos, dos carpas menores para masajes y área de relax y cientos de pequeñas carpas azules para nosotros, los locos que corren. La llegada al campamento era seguida por un esquema obligado. Primero, tras cruzar la meta, ir a buscar el bolso (provisto por la organización) donde teníamos toda nuestras indumentarias, bolsa de dormir y colchón inflable, todo equipamiento que habíamos dejado preparado antes de comenzar la carrera. 

Carpa grande (izquierda) para comer. 
Carpa blanca (derecha) bolsos
Al fondeo carpa de relax
y cientos de carpitas azules para los runners. 

Segundo paso: buscar la carpa, número 224 la mía, estirar y elongar bien, ir al lago (muy frío) para sumergir las piernas y “limpiarse” un poco dentro de lo posible, para luego volver, ponerse ropa limpia y abrigada y buscar la carpa de la comida. Luego de 42 kilómetros el hambre es mucho (hablo por mí, más que nada). Asado, pollo, y pasta fue el menú de los dos días. Cantidad, la que uno deseaba. No había horarios, se comía en cada momento, algunos almorzamos a las 14 horas, otros a las 18 y otros juntaban almuerzo y cena a las 21 horas, además de unos mates en la merienda en la carpa de “Relax”. El cuerpo necesita combustible para seguir moviéndose. Tanto viernes como sábado el clima no ayudó, mucho frío y viento hizo que la estadía en los campamentos no fueran la mejor, pero igual el grupo de trenquelauquense supo soportar las bajas temperaturas a base de buen humor y alegría, a pesar de los dolores y el cansancio. A las 22 horas todos acostados ya que las etapas comenzaron siempre bien temprano.

Día 2, 30 kilómetros

El segundo día me tocó salir con el grupo dos. Cada grupo estaba dividido por 120 atletas, en relación al tiempo realizado. Esta vez salimos desde la orilla del lago Lacar en dirección al interior de la montaña ya que el segundo campamento estaría en la altura. Los primeros dos kilómetros los transitamos por la orilla del Lacar, con el agua hasta la rodilla, pero sabíamos que la etapa sería “solo” de unos 30 kilómetros. Fue un día corto, con una primera trepada interesante, por no decir “brava”, en un sendero angosto que fue dejando sin aire poco a poco. No fue larga, pero sí intensa. Luego se empezó a bajar hasta los metros finales donde la organización puso otra trepada larga de camino rocoso que hizo ansiar con más ganas ver el arco de llegada. Poco más de 4 horas para cumplir con la segunda etapa, y el sueño de completar El Cruce estaba cada vez más cerca.
Creo que fue una etapa crucial. No por haber sido las más "simple" sino porque era en este segundo día donde surgían todas las dudas. ¿Cómo íbamos a salir a correr después de haber hecho 42k el día anterior y haber dormido, muy poco, en la carpa? ¿Cómo iban a responder las piernas? Y la verdad es que pasito a pasito y de a poco las piernas responden, aunque en la previa eso se parecía imposible.   

Superando un tronco, tras los primeros kilómetros del día 2 y luego de salir de Lago. 

domingo, 11 de febrero de 2018

Cruce Columbia - día 1

Hace justo 2 años tuve la gran fortuna de poder correr (y disfrutar) de una de las mejores carreras del mundo, el Cruce Columbia o también conocido como Cruce de los Andes, carrera de montaña que une Argentina con Chile durante 3 días y a lo largo de 100 kilómetros.

Hoy recuerdo algo de eso, en esta larga nota que pude escribir para el Diario La Opinión, medio al cual pertenezco, en Trenque Lauquen, Argentina.


¿Cómo se corren 100 kilómetros en tres días por la Cordillera de los Andes? O mejor pensado, cómo y en qué momento de la vida uno se decide a afrontar tamaño desafío. Porque El Cruce Columbia es eso, un gran desafío, una montaña rusa inmensa de adrenalina, intensidad e incertidumbre. Uno no sabe con lo que se va afrontar, sólo conoce imágenes de ediciones anteriores y números, muchos números, el más grande de ellos es el 100, el que marca la cantidad de kilómetros a recorrer en tres días. Sí, 100 kilómetros en tres días consecutivos, descansando en los campamentos de montaña, en carpa, con frío y lluvia, solamente para lograr el gran objetivo de completar con éxito El Cruce Columbia. Otro es el 42, los kilómetros de la primera etapa, y el 30, los kilómetros que debimos recorrer en la segunda y tercera etapa. 1200, el numero de corredores que disputaron la modalidad “Amateur”, 37 los países participantes e infinitos los momentos únicos vividos en esa loca experiencia. Este año fuimos con Franco “Toto” Gennarini, Raúl “Colo” González, Fabio Arcomano, Marcelo Cionofrino y Evangelina Angeli.


Cómo contar con palabras lo que ocurrió en esta 15º edición de El Cruce. Intentaré hacerlo de la mejor manera, no es fácil. Usted lector deberá ponerse en la piel del corredor, de alguien que ya ha soportado más de 70 kilómetros y lleva más de 2 horas subiendo un cerro de 2.000 metros de altura, caminando entre las nubes, sobre el filo de la montaña, con un frío congelador y un viento furioso. Pero además estarán las fotos que refuerzan la vieja frase de “una imagen vale más que mil palabras”, y es así. Intentaré contar lo que significó cumplir este desafío. Prometo no extenderme. Todavía estoy cansado de tanto correr.
En septiembre de 2015 comencé a entrenar pensando en la carrera. Sabía que tenía 5 meses para prepararla de manera consciente. Fueron cinco meses largos, con entrenamientos difíciles y agotadores, con meses de más de 300 kilómetros en las piernas, esas piernas que debían batallar por 100 kilómetros en la Cordillera de los Andes.
La organización estampó como eslogan de este año la frase “muchas piernas, mucha cabeza y mucho corazón”. Piernas, cabeza y corazón, así se corre El Cruce.  

A correr

Luego de una noche donde se durmió muy poco el viernes 12 de febrero comenzó El Cruce, esa primera etapa de 42 kilómetros, que se largaría desde San Martín de los Andes y llegaría al paso fronterizo Hua-Hum de Chile. Una combi fue trasladando a los atletas hasta el sector de largada, ubicado en el camino del paraje Quila Quina. Fueron unos 20 minutos de viaje sumidos en un silencio sepulcral. La largada estaba cada vez más cerca, el sueño comenzaba.
7:34 de la mañana de ese viernes me tocó comenzar a vivir los sueños. Es ese momento en que uno deja de soñar y empieza a vivir lo que tanto esperó. Primeros pasos cargados de endrenalina y emoción y más de 40 kilómetros por delante. A correr amigos, esto es una fiesta.
La cabeza es la que manda, es la que en todo momento te va diciendo “pará un poco”, “no te enloquezcas”, porque lo más difícil de la carrera es mantener a raya la intensidad y el deseo de correr. Hay que resguardar fuerzas para los tres días. El cuerpo, y las piernas, tienen que soportar los 100 kilómetros.
Fue una primera etapa “muy corrible”, con un desnivel acumulado que indicó más bajadas que subidas, pero con varias trepadas interesantes, donde los bastones de treking, o en mi caso un par de cañas, son los amigos ideales. La arena volcánica estuvo presente en gran parte del trayecto, pequeños senderos, raíces, arroyos y un Lacar que comenzó a verse más allá de los 20 kilómetros. A la altura del kilómetro 33 estaba el tan deseado “Oasis” (puesto de abastecimiento) donde los corredores disfrutamos de frutas, palitos salados, gaseosas, bebidas energizantes y agua. Los últimos kilómetros fueron en dirección al cruce fronterizo. Primero los papeles en la aduana Argentina y luego unos 2 kilómetros para correr hacia la aduana chilena y volver a nuestro país donde el arco de llegada nos aguardaba para cerrar los primeros 42 kilómetros.
Sobre los metros finales la lluvia se hizo presente, sumada al frío que seguiría durante toda la jornada. 6h08' después de largar pude cruzar la meta, con la alegría de haber dado el primer paso y saber que el cuerpo estaba muy bien para afrontar el segundo día.  

El grupo feliz por salir a la segunda etapa. 

Mañana seguiré con la etapa 2. Los 30 kilómetros.